Cómo fomentar la autonomía en los niños con paciencia y respeto

Este último año, en el que el teletrabajo ha inundado nuestros hogares, hay un problema que puede salir a la luz como salen las setas en otoño. Si trabajas en casa con tus hijos, y tus hijos no son autónomos, tienes un problema.

Pero muchas veces pensamos que la autonomía en los niños es que tú puedas trabajar en el ordenador durante horas, mientras tus hijos están tranquilamente haciendo los deberes en la habitación de al lado, en completo silencio, armonía e interés; o jugando con unos juguetes que ellos mismos recogerán al acabar para ducharse solos; el baño quedará perfectamente limpio (porque tus maravillosos hijos saben ducharse solos sin inundar el baño), todo recogido, se pondrán el pijama para dirigirse a la cocina y poner la mesa mientras tú terminas de hacer la cena. O que ellos hagan la cena… ya puestos.

Todo rodeado de un aura de sonrisas y felicidad.

Igual me he pasado, pero admite que es una imagen que te atrae…

Obviamente todo esto no es real. Es un mundo de unicornios y purpurina. Normalmente el proceso de convertir a tus hijos en niños autónomos se parece más a subir una cumbre pedregosa, cargada con tu ordenador y manchada de comida de ayer. Pero sí que sabemos que los niños pueden aprender a hacer cosas solos, sin necesidad del adulto, y que poco a poco pueden ser más independientes, lo que nos permitirá compaginar nuestras responsabilidades laborales, maternales, personales y de pareja poco a poco con más facilidad.

¿El problema? Que como decía, no es un camino fácil.

Todo proyecto requiere una inversión. Todo cuesta algo. Cuando no es dinero, normalmente es tiempo.

Y en el caso de tus hijos, necesitas tiempo.

Es curioso, ¿verdad? Necesitas tiempo para ganar tiempo. Parece contradictorio, pero en muchos casos el mundo funciona así. Por ejemplo, para empezar un negocio y conseguir dinero, necesitas una inversión inicial.. 

Para ese emprendedor, o emprendedora, la clave está en que no es un gasto, es una inversión. Más adelante saldrá rentable.

Con esta situación pasa igual. Necesitas invertir para ganar más tiempo a largo plazo.

Lo guay es que no sólo se trata de tiempo para ti. Se trata de mejorar la autoestima de tus hijos, su seguridad en sí mismos y la sensación de libertad. La capacidad y la convicción de que pueden conseguir cualquier cosa. Independencia. Autoconocimiento. Autoestima. Motivación. Su correcto desarrollo cognitivo, al fin y al cabo.

 

Al final, es por eso por lo que estamos aquí. Por ellos.

Antes de seguir, me gustaría que entendieras que todas las propuestas que voy a hacerte aquí no son la ley. No necesariamente tienen que servirte a ti, porque cada madre (o padre) es distinta, y cada niño es distinto, y cada casa es distinta. Son ideas por si te vienen bien. Prueba y adapta.

En fin, avancemos a la parte práctica.

Acordemos juntas que vale mucho la pena esa inversión por la salud emocional y cognitiva de nuestros hijos, y volvamos al mundo de los unicornios. 

Pongamos que quieres que tu hijo de 3 o 4 años recoja su habitación antes de la cena. Que lo haga solo, que lo coloque todo correctamente (sin equivocarse), que se ponga el pijama (por supuesto, la ropa que se quite la ha de dejar en el cesto de lavar), que prepare el cuento que quiere leer luego y que llegue a tiempo para cenar.

Lo que te decía, partamos de un ideal…

Pero acerquémonos con delicadeza a las posibilidades…

Vamos por puntos:

Recoger su habitación. Resulta que es su responsabilidad recoger la habitación. ¿Quién ha decidido eso? Estoy segura de que aquí contestas “yo, porque él no lo va a decidir solo, obviamente”. Pero ¿y si te dijera que pueden decidirlo?

Cuando un niño decide una cosa por su propia cuenta, o sea, tiene capacidad de elección, le resulta muchísimo más sencillo ocuparse de ella, o hacer la tarea que se ha propuesto. Precisamente porque experimenta el placer, la libertad y la competencia que la autonomía trae consigo. Se siente capaz.

Pero como decías antes, no suelen decidir recoger su habitación sin más (aunque a veces pasa).

En todo proceso de desarrollo de un niño, llega un momento en el que empiezan a decir “Yo solo”. Quieren ocuparse de cosas por su cuenta, precisamente por las mismas razones que te comentaba hace un minuto. Experiencia de competencia, libertad.

 

Es en estos momentos, cuando puedes darte cuenta de que está preparado para tomar decisiones y asumir responsabilidades. Después de hacer lo que sea que en ese momento quiera hacer solo, puedes plantearte preguntarle: «¿Hay algo más que te gustaría hacer tú sólo?»

No esperes que te diga “¡Sí, mamá, a partir de ahora voy a recoger mi habitación yo solo cada día y sin ayuda!”. No va a pasar.

Normalmente la idea de ellos va por otro sitio, y es algo más pequeño (o grande, quién sabe) de lo que tienes pensado. Pueden sorprenderte. Ten paciencia y valentía. No censures nada…

Llega un momento (a veces puede pasar otro día) en el que esa conversación sobre el “yo solo” puede llegar al tema de sus juguetes o su habitación. Sin forzar el tema. De manera natural. Si fuerzas algo, lo saben. De verdad, lo saben. No son tontos. 

Y ahí, si lo ves preparado, puedes pedirle que tome la responsabilidad de ocuparse de sus juguetes. Si él o ella está de acuerdo, empieza a poner pautas para ello.

¿Hasta aquí bien? 

Ahora es cuando pueden empezar a venir los problemas. Normalmente, el primero, es que después de habérselo propuesto, no lo hace.

Y lo que se puede hacer (con contención y tacto) es recordárselo: “¿te acuerdas de que habías decidido recoger tus juguetes?”

Aquí pueden pasar dos cosas: La primera, es que lo haga a buenas o a regañadientes, la segunda, que no quiera hacerlo, se queje o ponga excusas…

La primera puede ser un problema si lo hace por miedo a un posible castigo o una reprimenda, porque es lo habitual en la casa. (Si esto es así, tengo pensado un artículo sobre premios y castigos pronto, y te recomiendo encarecidamente que le eches un vistazo). En este caso no está siendo autónomo, simplemente actúa por miedo. En el momento en el que esté en un entorno sin miedo, dejará de hacerlo. No vale la pena ir por este camino, créeme. Asegúrate de que no hay presiones en este proceso.

En el caso de la segunda: que no quiera hacerlo, se queje o ponga excusas, yo revisaría ciertas cosas…

Revisaría la conversación que se tuvo en su día sobre esta responsabilidad, y si fue forzada o tu hijo tomó realmente la decisión de recoger su habitación. (Es increíblemente habitual que manipulemos estas cosas sin darnos cuenta). Puede que haga falta recular.

Y luego, revisaría otra cosa muy habitual en la que se suelen cometer muchos errores. Dejar o no claras las pautas:

¿Cuándo se recogen los juguetes? ¿En cuánto tiempo? ¿Se tiene que hacer todos los días? ¿Una vez al día o varias? ¿Cómo se recogen los juguetes? ¿Cuáles? ¿Cuándo consideramos que la habitación ha sido recogida?

Y otras dudas que pueden surgir. Estas respuestas no son para que la tarea se haga perfecta, sino para entender cómo hacerla.

Me explico: Normalmente, estas dudas no están en la cabeza de tu hijo de manera consciente. No te las va a plantear (o sí, como siempre, nunca se sabe). Pero si no están resueltas, la tarea se convierte en un monstruo amorfo que no se sabe por dónde coger.

Si no se entiende, o no se sabe cómo hacerlo, es una montaña enorme enfrente de tu hijo.

 

Prueba a poner orden en su cabeza y marca pautas para que el monstruo amorfo tenga forma, principio y fin y pueda cogerse por la cola o por los cuernos.

Intenta que estas pautas sean consensuadas. Pregúntale. Haz que tome decisiones sencillas. “¿Por qué juguetes empezarías a recoger?» «¿Cómo te gustaría que quedara este rincón cuando esté recogido?» «¿A qué hora te gustaría que estuviera todo terminado (si entiende de horas)?” Ayúdale a responderlas, ponle ejemplos. De esta forma será más fácil para él después.

Pongamos que, aún así, tu hijo no recoge, o se le hace bola…

Aquí puedo traerte otro concepto de ayuda, y es que la responsabilidad pesa. Ocuparte de algo y hacerte responsable es difícil y es una carga. Puede ser satisfactorio también, pero es duro.

Si es duro para un adulto tomar cada vez más responsabilidad, piensa en un niño (recordemos que el de nuestra historia tiene alrededor de 4 años).

Normalmente, para aliviar el peso de la responsabilidad, por lo menos hasta que uno ya lo aborda con facilidad, suele venir bien la ayuda.

 

Si crees que este puede ser el caso de tu hijo, prueba a ofrecerle tu ayuda las primeras veces.

Pero ojo aquí. La ayuda no significa que eres tú la que lo hace. Ayuda significa que él sigue siendo el responsable, pero tú echas una mano.

Y como él es el responsable, él manda.

Pongamos que acepta tu ayuda, llegáis a la habitación y…

Tú empiezas con el juguete más cercano…. error.

Permíteme insistir, ÉL ESTÁ AL CARGO.

Si empiezas cogiendo tú los juguetes, eres tú la que toma el control.

¿Entonces?

Pregúntale: «Vale, ¿por qué juguete quieres que empiece?»

Esto hace que su mente, por un lado, se relaje, ya que eres tú la que va a empezar a hacer la faena, y por otro, se sienta fuerte, ya que él está al mando.

De esta forma te señalará un juguete, y tú lo coges y…

Le vuelves a preguntar: «¿Dónde lo dejo?»

Esto es importante. Le seguimos dando el control y la toma de decisiones, porque es así como se toma control sobre uno mismo: siendo capaz de tomar minidecisiones, ordenando su cabeza y decidiendo lo que va primero, lo que va después y dónde. Su mente está haciendo el esfuerzo de la misma forma que si fueran sus manos las que recogieran.

 

Después de haberte dirigido para guardar un par de juguetes, puede que se anime a coger juguetes él también (o puede que tarde más, o incluso ese día no se vea capaz… dependerá de cada niño), porque su mente ya va entendiendo el proceso de “pienso en un juguete a la vez, pienso qué hacer con él y ejecuto”. Y a la mente le gusta ser efectiva.

Además, se dará cuenta de que es más rápido recoger si lo hace él con sus propias manos.

Y poco a poco, puede que se sienta más seguro en la tarea, y acabe haciéndolo él solo.

Si ves que no hace nada y haces tú toda la faena bajo sus direcciones, puedes preguntarle también: «Vale, yo te ayudo cogiendo este juguete ahora. ¿Cuál vas a coger tú?»

Se trata de un pequeño recordatorio suave y sin recochineo de que estás ayudando, no haciendo la faena.

Después de acabar, yo añadiría una muy pequeña reflexión final con tu hijo. “¿Qué tal? ¿Cómo te sientes después de haberlo recogido todo?” Puedes ayudarle contándole cómo te sientes tú, y después preguntándole. 

Los niños, al igual que los adultos, suelen sentirse mucho más relajados y a gusto en una habitación recogida que en otra que no lo está. 

Esta sensación placentera (si lo ha sido) puede ser uno de los incentivos para que vuelva a repetirlo otro día. No es un premio, es una consecuencia positiva.

De nuevo, no fuerces nada que no sientas. No hagas teatro. Lo notan aunque no digan nada.

 

Si aún así todo esto no te funciona, no recurras a enfados, premios o castigos. Yo recularía. Puede que haya algo más que esté pasando que haga que resulte mucho más difícil. O siga sin estar preparado. Observa, escucha, investiga.

Quizás le sea más fácil empezar por el pijama en vez de la habitación entera… Proponle pruebas.

Poco a poco, tu hijo va siendo autónomo recogiendo su habitación, y puede ir ampliándose al pijama, recoger su ropa, preparar el cuento y estar listo para cenar.

Esto, como ya te has dado cuenta, requiere una dedicación de tiempo y esfuerzo. La cual resulta rentable a medio/ largo plazo, tanto para ti como para ellos.

Lo que te decía de la inversión.

Algo que no he mencionado, pero que es imprescindible, es que no juzgues si está bien o mal lo que está haciendo

Por ejemplo: si el coche de juguete va en el cajón verde y él decide meterlo en el blanco, se mete en el blanco. Sin más. No le corrijas, no te enfades, no pongas malas caras o hagas gestos raros.

Él manda.

Luego, cuando acabéis, en otro momento, puedes averiguar con cariño si lo que pasa es que le gusta más guardarlo así, o no entiende cómo guardarlos, o necesita un cajón nuevo específicamente para los coches.

Aprender a hacer algo nuevo cuesta, y si además va acompañado de regaños, enfados, correcciones u otros apuntes incómodos, le resultará mucho más difícil volver a pasar por el mismo proceso, lo cual hará que deje de intentarlo, y tome una actitud dependiente.

 

Esto se aplica a la habitación (ordenarla mal o a medias), 

a comer solo (manchándose de comida), 

a vestirse solo (con la ropa del revés), 

a hacer los deberes (cometiendo faltas de ortografía), 

a salir a la calle solo (olvidándose las llaves), 

a ir sólo a una consulta médica (olvidándose su tarjeta sanitaria), 

o incluso a conducir (metiéndose en una calle de sentido prohibido). 

Por supuesto de cada una de estas tareas depende la edad de tus hijos, pero el caso es que van a cometer errores en todos estos ámbitos de su autonomía, sea cual sea su edad. Y el secreto está en que tengan la libertad de experimentarlos, que los cometan, que aprendan.

Y cuando te agobies por la falta de tiempo, o por la lentitud de tus hijos, o por su ineficiencia, o por sus errores mientras intentan ser autónomos, recuerda que es en ese momento donde tu hijo está aprendiendo a ser valiente.

 

A conocer sus límites.

A mejorar su autoestima.

A sentirse capaz de cualquier cosa.

A ser independiente.

A ser libre.

Aprender a ser autónomo forja niños fuertes y preparados, de mente y de corazón, mucho más que cualquier colegio o universidad.

Y recuerda también que una madre con 6 hijos es capaz también de trabajar, maquillarse, salir a cenar con su pareja y atenderlos a todos, gracias (en parte) a procesos como éstos.

¿No crees que vale la pena?

Pero ha de hacerse con consciencia, observación, escucha, paciencia…

y amor.

No olvides olvidar por completo todos los consejos que te doy en este artículo si tus hijos demandan otro tipo de camino.

Escúchate y escúchalos, siempre, a ellos antes que a mi o a cualquiera.

 

Un besazo enorme

/Rocío

¿Te cuento más?

Mi conocimiento, mi maternidad, mi intimidad, mis ideas, mis reflexiones, mi trabajo… Todo te lo cuento aquí, regularmente, en mis emails.

En ellos comparto lo que no comparto en ningún otro sitio. Son para muchas madres que ya los reciben gratis…

Y pueden ser para ti, si tú quieres.

2 respuestas

  1. Me ha encantado. Muchas gracias. Esto me ha dado una nueva perspectiva e ideas. Pero ¿qué hacer cuándo por ejemplo a la hora de lavar los dientes, se niega, termina llorando, uno regañando, y terminado por lavarle los dientes? ¿Cómo afrontar esto? Gracias

    1. Hola Dámaris.

      Me falta la edad del niño de la situación que comentas, y sin tener más información del contexto, intuyo que hay algo en la tarea de lavarse los dientes que genera mucha tensión. Evita de entrada los regaños, los castigos y forzarle.

      Yo investigaría con cariño, averiguaría qué ocurre realmente en ese momento y cómo se siente. También puede que se trate de una petición de atención. Si ves que es así, prueba a acompañarle en esa tarea de otra forma y busca dedicarle un poco más de tiempo de calidad en otros ámbitos.

      Averigua también, dependiendo de su edad, si realmente entiende cómo hacer la tarea.

      Un abrazo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *